Es una lùcida mañana en la cúal la historia tiene comienzo.
El sol ya estaba casi en medio del cielo, el viento revoloteaba una a un a las hojas de los frondosos árboles. Se podía oíar algo de alboroto en la mayoría de los edificios: en los de prácticas, en el comedor y en algunos dormitorios.
Frente al edificio de práctica de disparo, sentado bajo un árbol, estaba un chico de cara seria, pero que hacía subir y bajar una hoja de árbol con su aliento, mientras que sonreía complacido. La brisa de la mañana le revolvía el cabello blanco. Varios disparos se oían, y después de escuchar algunos, decidió entrar al edificio. Mientras se levantaba, palpaba con los dedos una profunda cicatriz bajo el ojo izquierdo.
- ¿Será posible que la que esta ahí adentro sea...?- pensó mientras se aproximaba a la puerta del edifició y miró un rato adentro.
Sólo había dos personas: un chico hasta el fondo y una chica. La chica estaba vestida con una larga gabardina color negro,con la insignia de la agencia en la manga derecha. Prácticaba disparo con un gran shotgun, de nueva generación. Cada que disparaba, el movimiento hacía que su larga cabellera negra se ondulara, como si la moviera el viento para presumirla. Realizó varios disparos, pero ninguno acertó en el blanco. Él se acercó y le murmuró al oído, burlándose:
- Espero que pelees a mano limpia mejor que como disparas.
Ella se volvió con mirada hostil. Pero se suavizó al tiempo que decía:
- Creí que sería algún idiota presuntuoso, pero sólo eres tú- se volvió completamente y puso cara pensativa- mmm... pero supongo que las dos cosas son lo mismo.
- Ya sé que estás celosa que yo haya pasado este sencillo entrenamiento y tú no.- le dijo él, acomodándose la camisa- Estoy aqui para echarte una mano.
- Ya, ya- le dijo ella dándole la espalda, recargando el shotgun en el hombro con desdén, haciendo que éste produciera un ruido sordo al pegar- Tengo un maravilloso compañero... el problema es que no hace nada.
- ¿De nuevo me estas...?- Empezó él con cara roja de enojo.
- No, nada de eso- ella se alejó unos pasos. El shotgun hacía ruido a cada paso que daba- Sólo me estaba preguntando si de casualidad el señor prodigioso no tiene algo mejor que hacer... No sé...
Entonces con una rápidez extraordinaria volvió a acomodarse el shotgun y le apuntó.
- ...Algo hace como entrenar movimientos de defensa!
El pondría cara de algo, pero no de sorpresa. Se puso las manos sobre la cintura y esbozó una de sus tantas sonrisas burlonas.
- Oh, ya veo- miró con atención el shotgun y luego a ella, que ocultaba la mirada furtiva tras el cabello- Pero, honestamente, si eres tú la que me apunta con eso, no creo que necesite tan siquiera moverme: !Las balas no me alcanzarían nunca¡
Ella bajó el shotgun y se rió maliciosamente.
- Con que es así...- murmuró y acto seguido, desapareció. Un segundo después estaba a espaldas de él, sujetándolo con fuerza de un brazo. A un centímetro de su cuello, estaba el afilado cuchillo de ella, el cúal hacía un ruido silvante cuando el viento pasaba entre él y reflejaba la luz de la habitación en un cegador destello.
- Si es con un arma nueva, soy inofensiva- le susurró ella al oído- pero si se trata con esto, ¿quieres averiguar?
Él no llevaba ni un atisbo de sorpresa, al contrario, permaneció muy tranquilo. Incluso la situación parecía aburrirle.
- Hump- suspiró y recorrió de techo al suelo con los ojos- ¿Siempre tan hostil, verdad?
Desapareció para aparecer a unos pasos de ella.
- Eres bastante hostil, hasta conmigo, Yumie- le soltó a modo de reproche.
- Ah si?- dijo ella volviéndose, ciñendo de nuevo el cuchillo en el negro y brillante cinturón- Yo sólo quería probar las habilidades de Wes Ichimizu, pero resulta que es un cobarde que huye hasta de un juego.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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