lunes, 26 de octubre de 2009

Al llegar el alba, un olor húmedo llenaba el ambiente. Era un poco frío, pero una bastante cómodo.
Rosemary se levantó con una gran bostezo, y tras quitarse el poco de sueño que quedaba escondido en los párpados, frotándolos con las manos, se levantó de su modesta cama y volvió a ponerse el vestido modesto del día anterior. Salió de la habitación recargándose en las paredes y llamó a Wes y a Yumie, pero éstos no le contestaron por ningún lado dentro de la casa. Entonces Rosemary llamó al perro, pero tampoco dio señales de vida, así que caminó hasta la puerta principal. Cuando intentó abrirla, pudo sentir que estaba abierta y por un momento pensó que Wes y Yumie ya se habían ido. Pero al dar el siguiente paso, sus pies toparón con algo en el piso y si no hubiese caminado lento, hubiera tropezado y caído con aquello.

–¿Qué es esto? – se preguntó al sentir el bulto a sus pies.

–¿Humm? – murmuró Wes, quién estaba tendido en la puerta durmiendo.

–Si eres tú... – rió Rosemary – Habéis dicho que dormirían en cualquier sitio, pero no me imaginé que eso incluyera el piso de la entrada.

Wes rió cálidamente sin levantarse de dónde estaba.
–¿Y dónde está Yumie? ¿No estaba contigo?

Wes señaló con su dedo a su espalda, dónde Yumie estaba sentada viendo el cielo. Cuando Yumie vio a Rosemary la saludó con estusiasmo.
– Debes perdonar a Wes – añadió Yumie – Cuando está cansado no platica mucho. Aunque no entiendo por qué está cansado, si aún no hemos echo nada.

– Lo entiendo. Si tiene sueño será mejor que descanse . ¿Y qué hay de ti, Yumie? ¿Tienes hambre?

–No mucha, Rosemary, no te preocupes. Estoy segura de que pasa lo mismo con Wes, por ahora sólo querrá dormir.

–Ya veo. Pero no se preocupen, les dejaré comida para cuando tengan hambre.

–¿Tienes que ir a algún lado? –Preguntó Yumie razonando en la manera como rosemary dijo la frase.

–Trabajo –respondió Rosemary por toda y completa respuesta.

–Vaya –se dijo para sí Yumie.

–No te preocupes, trabajo con las personas de esta calle. Las que cuidan de mí y a la vez de todos.

–¿Qué es lo que haces con ellos?

–Ohh, un poco de todo –contestó Rosemary, sacando de uno de los bolsillos del vestido una pequeña peineta de madera pintada de rosa, con una pequeña florecilla de plástico en uno de los extremos. Mientras se alisaba el cabello corto, continuó: –Hago tareas domésticas, limpieza en algunos lugares cerca de aqui, a veces vamos a la playa a hacer algo de pesca o a vender pescado. Un día es un trabajo y al día siguiente uno distinto.

Yumie sonrió complacida.
–!Vaya que molas¡ –exclamó divertida –quisiera que Wes aprendiera a ser tan útil como tú.

–No es nada. En la vida siempre hay que trabajar. Nunca eh pretendido comer gratis o a cuesta de otros –contestó Rosemary alisándose ahora el vestido –Toda la comida que me llevo a la boca me la gano, y me siento bien así.

Yumie ahora puso cara de estupefacción. Dentro de su mente se formaba la pregunta de que si existirían "mocosos" en el mundo consientes a esa edad sobre lo que significaba el ganarse el sustento. Como la idea retumbaba con fuerza en la cabeza, no pudo hacer otra cosa más que preguntar:
–Eso que dices, más que interesante es importante, sobre todo saberlo a tu edad –dijo –¿Quién te lo ha enseñado?

–Las personas de aquí, que son como mi familia –exclamó Rosemary dejando ver el orgullo fluir en su cara sonriente –ellas me han enseñado con las palabras y con el ejemplo. Pero el ejemplo es la mejor manera de aprender, al menos para mí.

Se hizó un pequeño silencio en el lugar. Rosemary sonreía con un hilo especial en su semblante, mientras que Yumie no paraba de sorprenderse y de estar agradecida de comprobar que sobre la tierra hay personas amables y buenas.

–Bueno, me temo que debo dejarles por un rato –dijo ella, rompiendo el silencio .–Pero no se preocupen, cuando regrese después del medio día para comer, conocerán a todos. Comeremos juntos ¿les parece bien?

–Más que exelente.

Rosemary salió de la casa, con pequeños y precavidos pasos. Llamó al perro blanco, que aún dormitaba al lado de Wes. Cuando el perro se puso a los pies de Rosemary, ella sacó una cuerda y lo ató con ella. Luego de esto, empezó a andar con más confianza en el paso. Yumie al ver esto, salió hasta la empedrada calle y siguió observándola, hasta que Rosemary entró en una de las casas vecinas. Detrás de Yumie, Wes apenas empezó a incorporarse, tras lo cual soltó un enorme bostezo, tan grande que podría caber en su boca una gran roca. Ella le dirigió una mirada de pena y después volvió la vista a dónde la tenía. Una idea le rondó por la cabeza, al juntar una serie de imágenes en la mente como un rompecabezas. Meneó la cabeza y caminó hasta dónde estaba sentado Wes, al que levantó de un tirón.

–!Oye, ¿qué es lo que te pasa?¡ –Le increpó Wes, con una cara aún soñolienta.

–No seas flojo, tonto –le respondío Yumie, acercándolo a su rostro –hay que salir a conseguir comida también para ayudar a Rosemary, ¿no querrás estar aquí de a gratis, verdad?

–!Claro que no¡ eso es inaceptable –contestó con un verdadero tono de indignación.

–Entonces, venga . Hay algo que no me cuadra mucho, así que ayudemos.

–¿Algo extraño, dices? –preguntó Wes con una cara inexpresiva.

–Quizá lo sabremos más tarde, a la hora de comer.

Después de decir eso, Yumie tomó a Wes por el cuello de la gabardina y lo arrastró afuera.

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