lunes, 5 de octubre de 2009

Capìtulo 2: Enviados

Después de la rutina que es ir a recoger ese fólder color negro conteniendo unas cuantas hojas de papel en la oficina del jefe, todo mundo estaba ocupado ahora alistándose para salir. No había ni un pasillo en lo que no se pudiera oír el alboroto. La tarde iba cayendo rápidamente, con el sol perdiéndose en el horizonte y tiñendo el cielo de un tono primero naranja y después rojizo. El viento que soplaba aún llevaba calma con él, sólo que a los que tocaba no podía transmitírselas un poco. También podían oírse conversaciones animadas y con tono de preocupación por lo incierto. Unos corrían de un lugar a otro, buscando sus cosas. La hora de partida se acercaba.

-¿Qué uniforme llevarás esta vez?- le preguntó Wes mientras se vestía a Yumie.

-El mismo que llevarás tú- le contestó Yumie, sacando de un gran baúl una gabardina, una blusa y una falda de color negro.- El negro es lo mío. Se ve elegante ¿no?

Wes se le quedó viendo con ojos entrecerrados.
-¿Elegante? ¿A quién le importa ser elegante en una guerra? Mejor di que quieres morir con elegancia.

- Eso también es cierto. Pero no me negarás que es mejor que el uniforme de color verde fango.

Wes se volteó y siguió vistiendose. Se calzó unas botas, y sobre el cinturon se colocó dos pistolas largas de un sorprendente color plateado, sus favoritas por largo alcanze y poder de la bala. Sobre la espalda llevaba 2 shotguns semiautomáticas, una corta y una más larga. Se llenó la gabardina de balas, granadas explosivas, de flash y de gas venenoso y se la puso con mucho cuidado, acomodándosela.
-Llevas mucho ahi, más te vale que puedas moverte sin tirar las municiones- le dijo Yumie.

Entonces Wes se dirigió a un rincón de la habitación, dónde estaba un péqueño baúl dorado.
Yumie se le quedó viendo mientras él primero soplaba el polvo de la superficie del baúl y después lo abría con mucho cuidado y movimientos pausados.

-No me digas que tienes pensado llevarte éso...- le dijo Yumie mirándolo fijamente.

Wes sustrajo del baúl 2 espadas antiguas que nunca había usado antes, pues según él, eran un legado de su familia. Tras observarlas un rato, se las colocó en su ancho cinturón, del lado derecho. Yumie siguió mirándolo, extrañada.

-Sabes que soy mucho mejor usando las espadas- dijo Wes por fin, al mismo tiempo que acariciba una.- Las balas en algún momento se acaban, pero el filo de una espada no.

-Tienes razón, eres más eficiente como espadachín,- le sonrió Yumie- aunque como cazador a tiros tampoco eres tan malo.

-Mis armas las uso para ocaciones adecuadas.- apuntó Wes- Ya que tengo las espadas, primero puedo partirlos en dos en vez de irlos llenando de plomo.

-Las dos maneras duelen, ¿no podrías ser más piadoso?

-Si tuviera que elegir entre dejarlos llenos de agujeros como coladeras, hacerlos estallar con una bomba y cortarles el cuello... ¿tú qué dices?

-Mmm... ciertamente, cortarles el cuello como a las gallinas es más piadoso.

Ambos rierón. Yumie acabó de alistarse llevando sobre el cinturón, al igual que Wes, dos pistolas largas de color plata. A su espalda un francotirador y una shotgun corta. La gabardina llena de balas y granadas, y su cuchillo afilado ceñido a un costado de su cintura. Llevaba también botas negras con muchas ebillas plateadas.
Estando ya listos, cargarón algunas cosas en una pequeña mochila y salierón de la habitación carrando la puerta tras de sí. Muchos equipos también salían ya y se dirigían hacía la base dónde aguardaban ya los aviones que les llevarían a sus destinos. Mientras recorrían los pasillos, sus armas producían ruido a cada paso que daban.
- Nos divertiremos un poco...- cantaba Wes.

- Tú quieres divertirte- le dijo Yumie- y yo sólo quiero encontrar presas buenas... o por lo menos algo interesante.

Conforme pasaban por los demás pasillos, más chicos se les iban uniendo en el camino. Algunos llevaban el uniforme verde fango, otros el de color azul marino. Sólo Wes y Yumie pasaban por ahí con el uniforme color negro, luciendo en la manga derecha el símbolo de la agencia.

-Por cierto...-empezó Wes- Tú fuiste por la información de la misión, pero no me dijiste nada, como siempre. Así que ¿A dónde vamos y qué diablos haremos cuando estemos allá?

-Quédate tranquilo- le ordenó Yumie- telo diré cuando estemos en camino. No es la gran cosa, pero ciertamente, es algo que sólo nosotros podemos realizar.

-¿Atacar o defender?

-Se nos dan bien las dos. A eso me refiero.

Wes se quedó callado y siguierón andando. Ya la noche había caído, aunque en el horizonte aún quedaba un poco del color rojizo que se perdía entre el color de la noche. A unos metros se encontraba la base, dónde los aviones en espera emitían un ensordecedor sonido y producían una ráfaga de viento. Sólo a unos minutos para partir al campo de batalla. Para algunos emocionante y para los que no tenían tanta experiencia, el viaje sería más que incierto.

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